Había una vez un esqueleto llamado Peroné, que vivía en una bonita tumba en el cementerio del pueblo.
A Peroné le gustaba mucho comer y aunque comía muchísimo, nunca engordaba.
Para conseguir la comida tenía que ir al supermercado.
Para ir a comprar se disfrazaba de humano usando una careta, una túnica que le llegaba hasta los pies y un sombrero.
Un día al salir del supermercado con la compra, el viento sopló muy fuerte y le quitó el sombrero y la túnica.
Unas señoras le vieron sus huesos y gritaron horrorizadas.
Peroné se asustó de los gritos de las señoras y corrió a esconderse en su tumba olvidando su túnica, su sombrero y la comida.
Cuando llegó la noche, ya se le había pasado el susto y volvió al pueblo para recuperar sus cosas, pero la comida que había comprado no estaba. Por suerte encontró el sombrero y la túnica.
Esa noche no pudo cenar y pasó muchísima hambre.
Al día siguiente volvería a intentarlo. Pensaba en comer y no podía dormir.
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